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El último mensaje para un mundo pecador

marzo 2, 2021
El ultimo mensaje para un mundo pecador

Jesús dice el tiempo se ha cumplido y el I reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio. San Marcos 1 : 1 5

Todos los que sienten la absoluta pobreza del alma, que saben que en si mismos no hay nada bueno, pueden hallar justicia y fuerza recurriendo a Jesús…

Nos invita a cambiar nuestra pobreza por las riquezas de su gracia. No merecemos el amor de Dios, pero Cristo, nuestro fiador, es sobremanera digno y capaz de salvar a todos los que vengan a El. No importa cuál haya sido la experiencia del pasado ni cuán desalentadoras sean las circunstancias del presente, si acudimos a Cristo en nuestra condición actual: débiles, sin fuerza, desesperados, nuestro compasivo Salvador saldrá a recibirnos mucho antes de que lleguemos y nos rodeará con sus brazos amantes y con el manto de su propia justicia.

Jesús dijo, describiendo su misión terrenal: Jehová «me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y a los ciegos recobro de la vista: para poner en libertad a los oprimidos» (S. Lucas 4:18).

Esta era su obra. Anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos de satanás.

Había aldeas enteras donde no se oía un gemido de dolor en casa alguna, porque el había pasado por ellas y sanado a todos sus enfermos. Su obra demostraba su unción divina. En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión; su corazón rebosaba de tierna simpatía por los hijos de los hombres. Se revistió de la naturaleza del hombre para poder simpatizar con sus necesidades.

Los más pobres y humildes no tenían temor de allegársele. Aún los niñitos se sentían atraídos hacia el.

Les gustaba subir a sus rodillas y contemplar su rostro pensativo, que irradiaba benignidad y amor.

La necesidad de paz

«Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana» (Isaías 1:18)

Nuestra condición

Si percibís vuestra condición pecaminosa, no aguardéis hasta haceros mejores a vosotros mismos.

¡Cuántos hay que piensan que no son bastante buenos para ir a Cristo! ¿Esperáis haceros mejores por vuestros propios esfuerzos? «¿Mudará el negro su pellejo, y el leopardo sus manchas? Así también podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal» (Jeremías 13:23, V. Valera)

Únicamente en Dios hay ayuda para nosotros. No debemos permanecer en espera de persuasiones más fuertes, de mejores oportunidades, o de tener un carácter más santo.

Nada podemos hacer por nosotros mismos. Debemos ir a Cristo tales como somos.

Pero nadie se engañe a si mismo pensando que Dios, en su grande amor y misericordia, salvará aún a los que rechazan su gracia. La excesiva corrupción del pecado puede medirse tan sólo a la luz de la cruz. Cuando los hombres insisten en que Dios es demasiado bueno para desechar al pecador, miren al Calvario. Si Cristo cargó con la culpa del desobediente y sufrió en lugar del pecador, fue porque no había otra manera en que el hombre pudiera salvarse, porque sin ese sacrificio era imposible que la familia humana escapase del poder contaminador del pecado y fuese restituida a la comunión con seres santos, era imposible que volviese a participar de la vida espiritual. El amor, los sufrimientos, y la muerte del Hijo de Dios, todo atestigua la terrible enormidad del pecado y prueba que no hay modo de escapar de su poder ni esperanza de una vida superior, sino mediante la sumisión del alma a Cristo.

Promesas de DIOS para el pecador

Estudiando la Palabra de Dios con oración, ella os presenta, en la ley de Dios y en la vida de Cristo, los grandes principios de la santidad, «sin la cual nadie verá al Señor» (Hebreos 12:14)

Convence de pecado; revela plenamente el camino de la salvación. Prestadle atención como a la voz de Dios hablando a vuestra alma.

Cuando comprendáis la enormidad del pecado, cuando os veáis como sois en realidad, no os entreguéis a la desesperación, pues a los pecadores es a quienes Cristo vino a salvar. No tenemos que reconciliar a Dios con nosotros, ¡oh maravilloso amor! «Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo» (2 Corintios 5:19)

Por su tierno amor está atrayendo a sí los corazones de sus hijos errantes.

Ningún padre según la carne podría ser tan paciente con las faltas y los yerros de sus hijos, como lo es Dios con aquellos a quienes trata de salvar. Nadie podría simpatizar más tiernamente con el pecador.

Jamás enunciaron los labios humanos invitaciones más tiernas que las dirigidas por El al extraviado. Todas sus promesas, sus amonestaciones, no son sino la expresión de su amor inefable.

La seguridad del perdón

Cuando satanás acude a decirte que eres un gran pecador, alza los ojos a tu Redentor y habla de sus méritos. Lo que te ayudará será mirar su luz. Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Timoteo 1:15), y que puedes ser salvo por su incomparable amor. El Señor Jesús hizo una pregunta a Simón con respecto a dos deudores. El primero debía a su señor una suma pequeña y el otro una muy grande; pero El perdono a ambos, y Cristo preguntó a Simón cuál deudor amaría más a su Señor. Simón contestó: «Aquel a quien más perdonó» (S. Lucas 7:43)

Hemos sido grandes deudores, pero Cristo murió para que fuésemos perdonados. Los méritos de su sacrificio son suficientes para presentarlos al Padre en nuestro favor. Aquellos a quienes ha perdonado más le amarán más, y estarán más cerca de su trono para alabarle por su grande amor y su sacrificio infinito.

Cuanto más plenamente comprendemos el amor de Dios, mejor nos percatamos de la pecaminosidad del pecado. Cuándo vemos cuán larga es la cadena que se nos arrojó para rescatarnos, cuando entendemos algo del sacrificio infinito que Cristo hizo en nuestro favor, nuestro corazón se derrite de ternura y contrición.

El mensaje de DIOS

Juan en el Apocalipsis predice la proclamación del mensaje evangélico precisamente antes de la segunda venida de Cristo. El contempla a un «ángel volar por en medio del cielo, que tenía el Evangelio eterno para predicarlo a todos los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo, diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio ha llegado». (Apoc. 14:6-12)

En la profecía, esta amonestación referente al juicio, con los mensajes que con ella, se relacionan, es seguida por la venida del Hijo del hombre en las nubes de los cielos.

Tal ocurre en nuestros días. Los hombres se afanan en obtener ganancias y en la complacencia egoísta, como si no hubiera Dios, ni cielo, ni más allá. En los días de Noé la amonestación referente al diluvio fue enviada para despertar a los hombres en medio de impiedad y llamarlos al arrepentimiento. Así el mensaje de la segunda venida de Cristo tiene por objeto arrancar a los hombres de su interés absorbente en las cosas mundanas. Está destinado a despertarlos al sentido de las realidades eternas, a fin de que escuchen la invitación que se les hace para ir a la mesa del Señor.

No resistas más el llamado de DIOS

Dice la Biblia en Proverbios 1:29

«Entonces me llamarán y no responderé; me buscarán de mañana y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría y no escogieron el temor de Jehová».

Mira lo que dice Isaías 55:6-7

«Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos y vuélvase a Jehová el cuál tendrá de él misericordia y al Dios nuestro el cual será amplio en perdonar.

Hoy es el día aceptable, hoy es el día oportuno

«Entonces me invocarán y vendréis y oraréis a mi, y yo os oiré, y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón»(Jeremías 29:11-13)

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